FECON y COECOCeiba-Amigos de la Tierra. 15 de octubre, 2021
Los inicios del Movimiento Ríos Vivos de Costa Rica
En el año 2013 nacía en San Isidro de El General el Movimiento Ríos Vivos, constituido por representantes comunales de varios pueblos de Pérez Zeledón y Buenos Aires que enfrentaban una amenaza común: el plan de expansión eléctrica del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) respaldaba la licitación de 14 proyectos hidroeléctricos privados en los ríos de la zona.

En la década de 1990, la comunidad de Rivas de Pérez Zeledón había confrontado exitosamente el proyecto hidroeléctrico de una compañía española. Las personas de Rivas mantenían su posición de defender el río Chirripó Pacífico y en la nueva licitación se pretendía construir el proyecto hidroeléctrico Hidrosur en este río, por lo que la reacción no tardó en darse.
Al otro extremo del cantón, en el río Convento que es el límite con Buenos Aires, los proyectos hidroeléctricos Monteverde 1 y 2 amenazaban con llevarse a cabo en este paquete comercial privado. La comunidad de Longo Mai había comenzado un proceso de análisis y oposición a la amenaza creando la Comisión Defensora de los Ríos Convento y Sonador.
Al mismo tiempo, los intereses de represar también los ríos Peñas Blancas y Peñas Blanquitas con otros dos proyectos, motivaron el acercamiento de personas de este sector, de forma que con la unidad de estos tres frentes iniciales se creó el Movimiento Ríos Vivos, que fue a su vez convocando a las demás comunidades cercanas a ríos amenazados en toda la cuenca del río General.
El enjambre hidroeléctrico
Entre las metas de Ríos Vivos estuvo informar a las comunidades de la oleada de hidroeléctricas que amenazaba los ríos del sur. De ahí se participó en actividades para involucrar a vecinos de Río Volcán, río Cañas, río San Rafael de San Pedro en la lucha contra la expansión hidroeléctrica, ante lo cual hubo una buena respuesta de las comunidades.
Más adelante también se unieron a Ríos Vivos otras comunidades del cantón de Coto Brus, cuando los intereses hidroeléctricos tocaron el río Canasta, además de tener otros 5 proyectos de ICE en miras en su territorio. De esa forma, Ríos Vivos rotó sus reuniones periódicas entre Pérez Zeledón, Buenos Aires y Coto Brus por un buen tiempo.
La amenaza hidroeléctrica había trascendido a toda la Zona Sur de Costa Rica, sumándose al ya conflictivo PH El Diquís, heredado del PH Boruca, ante los cuales los pueblos indígenas habían logrado resistir por años. Las presiones por privatizar la generación de electricidad y exportar a Centroamérica con el Sistema de Interconexión Eléctrica fueron la causa común que acercaría a los pueblos.
Jiri Spendlingwimmer, representante de Longo Mai en el Movimiento Ríos Vivos, recuerda que dentro de los encuentros que se hicieron para visibilizar la amenaza de proyectos, se sumó también representaciones de territorios indígenas que se oponían así como representantes de San Carlos donde ya se habían llevado a cabo proyectos que destruyeron varios ríos de la zona.

Uno de los encuentros se realizó en 2014, con el apoyo de la Federación Ecologista y Kioscos Socioambientales, quienes fueron aliados importantes en la lucha contra los proyectos hidroeléctricos. En aquella ocasión se incluyó la dedicatoria a los frijoleros, quienes habían sido víctimas de represión policial en esas semanas, y a Jerhy Rivera de Térraba (QEPD), líder contra el PH Diquís que días antes fue agredido por denunciar la tala de bosque en un sector del territorio.
Luchas intensas
En aquellos años, aparte de la información, comenzaron las estrategias para detener los intereses empresariales sobre el agua, que en el negocio hidroeléctrico es vista como mercancía, como insumo para generar electricidad, por lo que se toma hasta en un 90% del caudal según los límites permitidos por el Ministerio de Ambiente de Costa Rica.
El análisis de los expedientes y la oposición fundamentada fueron vitales para incidir en los procesos. Aunque también se pudo observar cómo las instituciones menosprecian la posición común de cientos de personas que se oponen a un negocio de estos, desmeritándolo como un elemento técnico para negar un permiso.
El negocio hidroeléctrico se ha posicionado prestigiosamente en el país y eso vuelve más difícil luchar contra la barbarie que significa secar los ríos para generar electricidad, en un sistema de libre mercado al que le es indiferente cuestionar los consumos ineficientes y los impactos ambientales a nivel local.
Estrategias para vencer
Raquel Bolaños, vecina de San Isidro de El General, dijo que la defensa es una necesidad que nace de las personas que estamos a punto de perder un río, que es bien común y eje central de muchas comunidades. Para ella, la información es un punto de partida que potencia que los grupos desarrollen las capacidades para resistir.
““La comunicación es vital. Producir información propia para confrontar las versiones de los grupos interesados en apropiarse del agua es necesario. Para esto hay que tomar los espacios de comunicación a la vez generar espacios alternativos para difundir información y así alertar sobre los verdaderos impactos de las hidroeléctricas”; amplió Raquel.
La lucha contra cada una de las hidroeléctricas tuvo sus propias características. Los argumentos para oponerse variaban de acuerdo al contexto de la cuenca y su localización político-administrativa. Una apuesta fue generar moratorias contra las hidroeléctricas que contuvieran los proyectos a nivel cantonal.

“En el caso de Coto Brus la Municipalidad creó la Comision de Ambiente y Turismo y se logró un acuerdo de moratoria contra proyectos hidroeléctricos en general que se mantuvo vigente durante toda la lucha”, explicó Jiri Spendlingwimmer.
En Pérez Zeledón se implementó una moratoria pero esta duró poco tiempo en revertirse por efecto de las presiones de desarrolladores. Mientras que en el Concejo municipal de Buenos Aires duró un poco más, pero al final los fuertes intereses en el PH Consuelo en río Cañas, la disolvieron.
Lo que sí cabe destacar es la movilización comunal que se dio acompañando las discusiones sobre las hidroeléctricas en estos territorios. Se realizaron desde caminatas en comunidades para informar y demostrar la oposición social, hasta movimientos a las municipalidades para presionar para exigir apoyo público ante las amenazas de privatización del agua.



Poco a poco, las hidroeléctricas fueron desapareciendo del mapa, conforme se les pasaba el tiempo para cumplir los requisitos que cada proyecto debía cumplir para ser elegibles por el ICE. El último proyecto en disiparse fue el del río San Rafael en San Pedro de Pérez Zeledón, oficialmente archivado en 2019.
La importancia del movimiento
El Movimiento Ríos Vivos ha tenido el mérito de defender exitosamente los ríos de la Zona Sur de cualquier interés hidroeléctrico tanto privado como público, en el caso de los proyectos del ICE en Coto Brus. Las múltiples acciones impulsadas y fundamentadas con criterios de realidad abonaron para el éxito alcanzado.
El integrante de Ríos Vivos Pablo Romero explica que el Movimiento no tiene una estructura jerárquica, como una Asociación ni estructura similar. Está compuesto por Comités de Defensa en cada comunidad y así se forma el Movimiento Ríos Vivos en su totalidad.
“Ríos Vivos está participando de la Movida Global por los Ríos y Pueblos. También se encuentra en un proceso de reordenamiento de su trabajo tras haberse logrado archivar las amenazas de proyectos hidroeléctricos, comentó Pablo sobre las acciones que realizan en ruta hacia una recuperación justa.
Pablo añadió que como movimiento se han realizado sistematizaciones de las experiencias vividas tras más de 8 años de lucha. Es un hecho para el movimiento social y ambiental costarricense, que la detención de casi 20 hidroeléctricas en una misma macro-cuenca resulta un proceso ejemplar y de grandes enseñanzas.
Entre las enseñanzas está que para enfrentar a enemigos tan poderosos como las empresas energéticas, la articulación social y solidaria entre comunidades con claridad de ideas es clave para tomar fuerza, como sucedió en Turrialba, donde la misma empresa que pretendió represar el San Rafael intentó fallidamente construir otras dos hidroeléctricas sobre el río Bonilla.
“Hace ocho años teníamos unos 60 phs gestionándose en el país, pero también podemos ver en el mapa de resistencias comunitarias, el número de proyectos que han detenido las comunidades. Las leyes son permisivas pero las organizaciones comunales han respondido para conservar sus ríos”, reseña Raquel Bolaños al destacar la importancia de la acción organizativa.

Otros desafíos para los ríos
La distribución justa del uso actual del agua y su moderación para evitar daños ambientales, en prácticas como el riego para agronegocio de la piña también suponen retos a las comunidades ribereñas del sur. En río Volcán de Buenos Aires, el 90% del agua en concesión es para la empresa Del Monte, según explica Madeline Kiser, quien participa en una Comisión de Cuenca creada en 2020.
Madeline y su esposo Oscar Beita participan de Ríos Vivos. Según su punto de vista, el modelo productivo genera presiones, por su interés de producir y generar empleos. Pero en la zona sur, tras 40 años de producción piñera el modelo merece ser cuestionado, porque les ha llevado a generar dependencia económica y concentración del agua en un solo actor de la cuenca.
Un desafío que han aceptado es el de participar en el proceso de análisis del uso del agua en la cuenca del río Volcán. “Hay que hablar de la piña igual que hablamos de la ganadería en la parte alta y de la caña en la parte baja. Estamos analizando el tema del caudal, pero debemos dialogar también el tema económico y social alrededor del agua, no es un tema meramente técnico”, dijo Madeline.
Oscar coincide en que la vía del diálogo con actores locales es fundamental, planteando que la discusión del tema de caudales ambientales no es un tema que deba reducirse a puntajes, sino evaluarse participativamente los costos y beneficios de extraer el agua y para qué economías queremos hacer uso del agua.

Ríos vivos para el futuro
Mantener la articulación y ampliarla es la alternativa para construir la ruta hacia una recuperación justa en las cuencas afectadas no solo por hidroeléctricas, sino también por los agronegocios. En marzo se realizó en Térraba un encuentro donde se conversó sobre el sistema estatal de manejo de caudales, sin embargo, aún es importante generar más mecanismos de incidencia y darles sostenibilidad con la autogestión.
Actualmente Ríos Vivos participa también en el Foro Regional de Gobernanza del Agua en la región sur, de forma que se espera una respuesta positiva del Ministerio de Ambiente ante las propuestas del sector ambiental, buscando recuperar las fuentes de agua que hoy están lamentablemente dañadas por un sistema que ha llegado a considerarse amenazante para los ríos.
Temas como el establecimiento de metodologías participativas para definir caudales ecológicos en cada cuenca, diálogo para consensuar una distribución justa del agua para producción, y fiscalización efectiva de los impactos de actividades que contaminan y alteran los cauces están en la agenda de Ríos Vivos, en su lucha por consolidar la justicia ambiental desde las comunidades en el sur de Costa Rica.
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Dany Villalobos – FECON
En el marco del proyecto “Recuperación justa: alternativas con enfoque ecológico“.
FECON-COECO Ceiba Amigos de la Tierra.